Se forjó una noche de amor apasionado,
nació el día que creyó que debía descubrir la luz,
creció rodeado de amor y felicidad,
y cuando se fue de este mundo,
desde el cielo solamente pudo llorar.
Mientras recorrió el camino de la vida,
descubrió con la felicidad de un niño
aquello que le rodeaba y a veces no entendía,
intento averiguar porque él podía sonreír
y había niños que su única sonrisa era trabajar para subsistir.
Aprendió el valor de la amistad,
averiguó quien estaría siempre a su lado
o porque algunos le daban la espalda,
pero siempre tuvo la misma sonrisa amable de felicidad
que nos regaló cuando abrió por primera vez sus diminutos ojos.
Y se fue, sin decir adiós,
pero ya no tenía la misma felicidad de antaño,
sus ojos dormidos eran tristes, apagados,
sus lágrimas invisibles hablaban de dolor,
mientras había luchado por vivir intentando ser feliz,
otros morían tristes porque nunca fueron felices.
Y ahora está allí, donde le esperaban,
observando el devenir diario de este mundo,
con sus guerras sin sentido,
reteniendo en su memoria imágenes de niños trabajando
cuando deberían estar jugando,
y derrama aún más lágrimas,
lágrimas convertidas en lluvia que intentan
apagar tanta crueldad en este mundo
para que florezca un poco más de felicidad.
Con la felicidad de un niño vivió,
se marchó aquel día que su corazón se quedo dormido,
ahora ya no es feliz, o tampoco está triste,
nadie sabe como será el devenir diario de su existencia,
pero seguro que desde ahí arriba,
reza porque ese niño que esté a punto de nacer,
no se vaya como él se fue,
y cuando lo haga, se vaya feliz como aquella vez que lo vieron nacer.
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