Despierta la niña en su cuento imaginario,
con su vestido de terciopelo azul,
una pequeña diadema en el pelo,
en la cintura un lazo rosa a juego,
y su mejor sonrisa de felicidad para encontrarse
con su anhelado príncipe azul.
Y en ese cuento imaginario tiene su carroza,
de la que tiran seis hermosos caballos blancos,
para llevarla al baile donde al entrar verá a su amado príncipe,
y bailarán juntos cogidos de la mano toda la noche.
Y después de una noche de baile al lado de su amado,
se marchará como vino en su carroza,
para tener dulces sueños en los que recordar lo que ha vivido,
y, al despertar, seguir soñando con volverlo a encontrar.
Pero no todos los cuentos tienen final feliz,
la niña despierta, sola, en su pequeña habitación,
deja atrás el sueño imaginario que siempre lleva en su memoria,
sin príncipes, sin carrozas, sin caballos blancos que la lleven a bailar,
pero aún así, en su pequeña historia de cada día,
vive el sueño que a ella le hace feliz.
Vive despierta tu sueño imaginario,
tu príncipe alguna vez te encontrará,
no vendrá montando en un hermoso caballo,
pero te robará el corazón,
será entonces cuando dejes de soñar cuentos de hadas,
porque tu sueño de princesa de cuento se habrá convertido en realidad.
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