Escribía en mi diario las pequeñas historias forjadas
en esos pequeños instantes vividos a tu lado,
dibujaba en cada página un retrato de nuestro amor,
y, como siempre, al final un pequeño recordatorio para ti.
Y en esas pequeñas historias nunca me olvidé de poner tu nombre,
aquél que un día deje de imaginar en mis sueños y pude gritar al viento,
en ese pequeño rincón apartado del mundo donde te dije Te quiero,
allí donde nunca más pensé que volvería a encontrar mi soledad.
Pero un día mi diario terminó,
sus páginas dejaron de contar nuestras historias,
mi sonrisa se tornó en tristeza y llanto amargo,
busqué entre los pequeños pedazos de mi corazón
una razón para seguir aquí,
porque quería vivir pero no podía hacerlo sin ti.
Te fuiste, un día cualquiera, no importa en que momento,
me dejaste en silencio sin decir adiós,
ya no tengo tus caricias, tus dulces besos de amor,
tan solo recuerdos del pasado más cercano,
tu rostro se quedó clavado en la retina de mi memoria,
y el frío callado de tu cuerpo me hablaba
de ese lugar al que fuiste y del que nunca volverás.
Y hoy, como siempre, como cuando te conocí,
una rosa para ti en cada aniversario,
una triste rosa de bello color que me recuerda donde estás,
una rosa que me deja heridas cada vez que voy a verte
para hablarte de recuerdos y momentos añorados,
porque así fue nuestro amor, como una flor,
primero nació de la nada, en ese encuentro fortuito,
creció feliz cada segundo del día que veía la luz del Sol,
y cuando el corazón se detuvo en el tiempo,
te fuiste para siempre de este mundo
como se marchita una rosa cuando no tiene agua que le ayude a sobrevivir.
Escribía en mi diario pequeñas historias de nuestro amor,
ahora busco los recuerdos perdidos que nunca volverán,
quisiera subir a los cielos para encontrarme contigo,
porque sé que como a ti te amé,
no podré amar a nadie más.
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