Cogí la baraja para tentar a mi suerte,
cada carta que salía era una espada,
un pequeño puñal que se iba clavando en mi corazón,
dejando heridas de guerra por la soledad que llevo dentro.
Porque antaño creí en el amor,
pero siempre que lo encontré recibí una estocada mortal,
que lentamente agotaba mi vida y me acercaba a la oscuridad,
a ese lugar del que nunca podría regresar.
Y siempre que cogía la baraja me salía una espada,
que hablaba de la muerte de mi alma,
hasta que de nuevo intenté olvidar mi soledad,
pero volví a caer en el pozo maldito
donde los engaños y las mentiras me hundían en la miseria.
Entre la espada y la pared siempre anduve,
pero ahora todo parece cambiar,
los puñales que quitan la vida se alejan de mi,
la pared que siempre me ve encerrado se cae en pedazos,
todo mi mundo cambia y mis sueños se hacen realidad.
Amo, amaré y moriré amando,
como siempre hice, como siempre hago,
pero esta vez será para siempre,
nunca más volveré a ver la soledad,
nunca más mis ojos se empañarán de lágrimas,
hoy mi vida sigue el camino que nunca debe perderse,
y cuando llegue a ese último aliento de mi corazón,
podré llevarme siempre conmigo tu gran amor.
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